domingo, 8 de febrero de 2015

El quinto piso de una casa de empeños

Vive en el quinto piso
de una casa de empeños.

Y yo me empeño en que se quede,
y en que cuando mañana me despierte
pueda seguir pensando en sus besos por la espalda
sin sentirme culpable de no estar haciendo por olvidar.

Y él se empeña en acostarse
con todos los defectos que me cuelgan de pendiente
hasta que al final me parecen virtudes llenas de luz
que bailan a mi alrededor
como si en nuestra casa siempre fuera Navidad.

Vive en el quinto piso de una casa
que me ha visto hipotecarme
día tras día,
y que al final me ha dejado en bancarrota de pesadillas
y sin un solo miedo en la caja fuerte.

Por ser,
es un niño grande
que me hace sentir a salvo
cada vez que me hace reír.
Y si crecer significa perder eso
entiendo a Peter Pan
y a toda su banda de niños perdidos.

Ya sé que a los críos se les cuentan cuentos
pero con él
solo quiero contar recuerdos.
Su casa llena de magia, se lleva dos de mis favoritos:
en uno huele a su colonia,
y en el otro
huele a él.

El primero
son diez minutos
y su sonrisa en el salón.
Y la primera certeza que tuve de que le quería:
diez minutos de nada
no te cambian la vida, 
pero la nada
no tiene nada que ver con él.

El segundo
es el primero.
Y me habla de saber tomar decisiones
y de decirle todo lo que siento
sin abrir la puta boca.
El segundo es chocolate sobre su cama,
y la jodida demostración 
de que la honestidad del nerviosismo
es lo más bello que nunca he podido ver.

Mis dos recuerdos,
sus dos olores.
Y un paralelismo aterrador.

Porque sé
que si un día de estos decide largarse
su colonia dejará de darme hachazos en el pecho
un rato después de que haya empezado a dolerme su ausencia.
Pero el olor de su piel,
del cual solo yo conozco la existencia,
me perseguirá hasta que se haga muy de noche
y sepa que le dejé marchar
con mi corazón en una mano
y mis intenciones de arrinconar su recuerdo en la otra.

Vive en el quinto piso 
de una casa de empeños.
Y en la plaza de al lado de mi casa,
en la de al lado del colegio. 
En mi portal.
Clavado como un estandarte de victoria en mis huesos.
En la ruta que describen mis manos
cuando me besa. 
En la esquina donde nos despedíamos al principio,
y en las luces de mi habitación.
En la biblioteca de mi mejor amiga.
En el hoyuelo que se me ha hecho de sonreírle.

Vive.
Y menos mal.

5 comentarios:

  1. Sin duda, pocas cosas son más bonitas que la honestidad del nerviosismo, aunque pocas veces hace falta ser honesto... Eso se ve. Y hablando de ver, qué bonito verte vivir (sin verte) a través de él.

    Lutz

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  2. Vivirá siempre, aunque se vaya, siempre que lo recuerdes, aunque sea por medio milisegundo. Él siempre será eterno (mientras lo pienses, y lo escribas).

    Besos

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  3. Y menos mal que tenemos la maravillosa oportunidad de leerte.
    Que gusto, que placer.
    ¡Me haces vibrar!
    Muy fan tuya,
    Irina.

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  4. Cada vez que leo algo tuyo me gustaría comentarte algo tan bonito como lo que escribes, pero siempre me dejas sin palabras, y solo puedo pensar "tiene razón. sus poemas siempre la tienen", si supieras como se clavan tus palabras...
    Espero seguir leyéndote mucho tiempo.
    Un beso enorme.

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  5. Original, empeñado, empañado.
    Me ha emocionado, me he vuelto a romper.

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