domingo, 7 de diciembre de 2014

Y por qué no arder con él.

Estaba sentado,
atándose los cordones de los zapatos
de una manera algo torpe,
y sonreía.
Y tenía todo el pelo despeinado,
cubriéndole los ojos,
y una cara de yonki con mono y sin clínica de desintoxicación.
Sus mejillas confesaban que acababa de estar ardiendo
apenas unos minutos atrás,
pero no buscaban perdón ni absolución de culpa.

Lo mejor de todo aquello
es que sabía
que yo era la puta pirómana hacedora de las llamas.

Y por qué no arder con él.

De pie,
en el quicio mismo de la puerta,
perdí el aire mientras le observaba.
Y la cordura,
los papeles,
los miedos,
las corazas,
la ropa,
las murallas.
Perdí, perdí, perdí, y sin intención de recuperar(me)
del golpe maestro que me había dado:
él sin armas,
y yo tan mía,
suya,
nuestra.

Tracé el recorrido de sus dedos
anudando los putos playeros
y luego caí
-en la cuenta-
(tranquilos, que esta vez he encontrado equilibrio
y me muevo sin tropezar)
de que arte sonaba a las balas
que guarda entre los dientes
y cada vez que me muerde las caderas
tengo material para hacer exposición.

Y, qué coño,
podía cansarme de un Dalí,
de un Goya,
de un Velázquez,
incluso del jodido Beso de Klimt
que tantos versos me ha inspirado,
pero nunca
de hacer mi vida best-seller
cada vez que la cuentan sus suspiros.

Termina de prepararse,
levanta la cabeza,
se coloca el flequillo,
me mira a los ojos y dispara
(letal)
y estoy más muerta que viva.

Y sonrío
enseñando todos los dientes
(tal como hacen las fieras
que buscan guerra).

Y me vuelve a preguntar
que en qué cojones pienso.
Y no sé cómo explicarle
que en huracanes
y tormentas
arrasando con mi vida.
Que en su espalda,
y en sus manos.
Y que también en que tiene
cuatro arrugas en las comisuras de los ojos
cuando se le achinan al reír.
Que en su olor cuando no lleva la colonia puesta,
en salvavidas,
en nuestros padres,
en Dire Straits cautivándonos desde el tocadiscos.
Que en garras y desgarrar.
Y en poesía (como siempre).
Todo al mismo tiempo,
sin descanso
y sin piedad.

Así que me callo,
me observa
y contesto:

"¿Y por qué no arder contigo?"



6 comentarios:

  1. Precioso...
    Me gusta como escribes porque me hace sentir cada una de tus palabras.
    Besos.

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  2. Creo que hacía bastante tiempo que no leia algo tan bonito, ni leia algo que hiciese tan bonito a alguien. Felicidades.

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  3. Tu poesía no se parece a nada que haya leído nunca antes, en serio, guau. Preciosa forma de arder.

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  4. Yo pienso que si ardéis, habrá una explosión nuclear. O algo peor.
    Un besito, Patito.

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  5. Dios mío... ¿Y por qué no ardes?
    ¡¿Por qué no arder?!
    ¡Pocos saben arder!

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  6. Que bonito.
    Arde y no te arrepientas!
    Un besazo, te seguiré leyendo.

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