domingo, 23 de noviembre de 2014

Quinientos matices

Permíteme, amor mío,
enseñarte que querer
es más que la palabra
que anda en boca de todos,
y más que el sentimiento
que se nos coloca en la campanilla
y se arroja,
temerario,
al fondo del estómago.

Déjame, amor,
mostrarte que querer
son los quinientos matices
que erigen mi secreto mejor guardado.
Que querer soy yo
en toda mi persona,
y eso es lo bonito del asunto.

Querer es desear conocerte
y, a la vez,
ansiar que seas un desconocido,
para encontrar que siempre me queda algo que aprender de ti.
Querer es memorizar
tus manos,
tus ojos,
y tu risa.
Matarme en cada recoveco
de tu cuerpo
y no poder evitar ser el fantasma más feliz de tus curvas.

Es saber que tengo una brecha abierta
que llora cada vez que te ocurre algo.
Es saber que la tienes tú también.

Querer, cielo, es decirte
que vuelvo a tener ganas de pintar,
que nunca he dejado de escribir,
y que me apetece ir a algún museo
porque me estás haciendo tan grande
que tengo salas vacías
que se han de llenar de artistas.

Es madrugar un sábado
solo por hacer un regalo inesperado,
y convertirme en una sorpresa constante,
pero no para ti, sino para mí misma.

Querer es ser la loca
que te felicita los días
porque quizá no serán felices,
pero puedo hacerte sonreír.
Querer es empezar de cero
sabiendo que en realidad estaba helando a menos cinco
(grados)
(segundos)
(miedos)
(ganas de vivir)
y que me estaba paralizando.

Querer es seguir pintándome los labios
(no creo que sepas
hasta qué punto es esto querer)
y entender que antes escribía poesía,
pero ahora es cuando soy poeta,
cuando toda la vida es un verso
y cada vez que te miro a los ojos
comprendo el por qué de la literatura.
Querer fue verte morir
y necesitar resucitarte.
Querer es que ya sepas imitarme.

Quererte despierto y dormido.
Quererte en mi habitación y en la tuya.
Querer que gimas,
y que te corras pronunciando mi nombre.
Querer todas las marcas que te estoy dejando en la espalda.
Querer agarrarte, y que me agarres,
y que no me sueltes porque el golpe va a ser fino
si lo haces.

Porque sí, vida,
te quiero encima y debajo,
te quiero triste y feliz,
te quiero siendo tú mismo,
te quiero haciendo el gilipollas,
te quiero en la locura,
porque después de todo esto te digo
que yo ya no estoy cuerda
(y no quiero estarlo).
Te quiero y quiero precipitarme,
y a la vez saber que no voy dando palos de ciego
(hoy me han dicho
que menos mal que me he curado las cataratas
porque la última vez,
si es cierto eso de que el amor no ve,
yo era la puta fundadora de la ONCE)
Saber que no tengo miedo.

Te quiero incluso si me crece escarcha entre los dedos,
y todo el mundo piensa
que debería ser invierno cuando yo me siento en pleno mayo.
Te quiero fuera de dudas,
fuera de tiempos,
fuera de todo.

Te quiero
en cada uno de mis quinientos matices,
y te voy a confesar
que el último de ellos
es mi felicidad
y brilla tan fuerte que me va a cegar.

5 comentarios:

  1. Yo lo que quiero es leerlo una y otra vez.
    Genial.

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  2. Y es que te quiero con locura.
    Locura es este poema.

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  3. Boh... te tengo envidia infinita (de la buena) por escribir así... jajaja ;)

    Precioso, impresionante, magnífico, delicado, dulce, intenso, apasionado, emocionante, sublime, y un montón de adjetivos más que se me han quedado revoloteando en estómago.

    Gracias por escribir :)

    Besos

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