jueves, 2 de octubre de 2014

Mi vida es la que dijo adiós, y ahora es una preciosa fiesta.

Siempre he sabido
que las despedidas son la excusa
más triste
para dar una fiesta.

O para no tener que ser yo
la que coja una cerilla
e incendie los recuerdos de quien se va
(ya se ha ido).
Y que sea otra persona
la que coja escoba
y me amontone las cenizas
de lo poco que queda de ti.

Mataría por un buen adiós
en el que me hubieras avisado
de que nos íbamos,
y era para no volver (a vernos),
por que me hubieras cosido los trozos
de esperanza
con el pegamento que usabas para todo.

Mataría por no haber tenido
que ser yo la que pegara fuego
a esa pila de sonrisas que,
están en llamas,
y nunca pasaron tanto frío.

Por no haber enterrado tus restos
bajo mi piel
y mi culpa.
Y por que te acordaras de todos esos
libros que tenia que ver,
vivir,
saborear,
y proclamar al mundo.

Por que me hubieras visto
declararme una guerra
y salir victoriosa
(y debo ser la primera persona
en la historia
que ha matado sin dejar víctimas,
y ha ganado sin derrotar).

Que toda esa gente que evita
las despedidas por las que yo brindo,
es la misma que da esquinazo a los espejos
por las mañanas,
y no reconoce tener monstruos debajo de la cama,
ni cadáveres de sus primaveras
en el armario.
Son los que no saben
qué es perderse
porque jamás se encontraron.

Vuelve con champán en la mano.
Vuelve y brinda.
Y celebremos que te vas.
Que me dejas.
Que te fuiste.
Que he muerto.
Que estoy viva.
Que te quise,
y te odio.
Que me odié,
y me quiero.

O
déjalo
ser.

Fue mi vida
quien tuvo que sacudir la mano
- hasta luego -,
y el dolor,
y  es por eso que
ahora
soy una preciosa fiesta.

2 comentarios:

  1. Patito :)
    Me chifla la bailarina. Le da un aire de delicadeza al blog (muy acertado). La verdad es que no sé qué decirte; me rompes, como siempre. Creo que no te lo había dicho antes, o sí, mi memoria es muy frágil... pero ¿has pensado en recoger todas tus obras de arte en un librito? Te lo digo totalmente en serio, es que tienes un talento para ir rompiendo a la gente que no es común. Yo te compro y te publicito, ¡pero no dejes que al mundo se le escape la belleza de tus golpes al corazón!.
    Cada una de tus palabras es una bomba de emociones, un cuchillo de tristezas. Los adioses te destrozan la coherencia; llegan como un huracán (sobre todo los que son así, imprevisibles y sin aviso) y luego te conviertes en desierto, ¿no? Pero me encanta que te sientas fiesta después de haber sobrevivido a las despedidas.

    "Y que sea otra persona
    la que coja escoba
    y me amontone las cenizas
    de lo poco que queda de ti".

    Besitos <3

    Miss Carrousel

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  2. Me haces pensar en las fiestas como una especie de viajes. Y que las fiestas son siempre despedidas, aunque nadie sepa que se trata de una despedida. Una reunión, un nudo de encuentros más allá del pretexto. Como un paréntesis. El tiempo se para. Se instala en la multiplicidad de la sonrisas y conversaciones de mil direcciones como luces de estrellas. Una copa -una cerveza, champán tal vez- en una mano y quizá un cigarrillo en la terraza ante las luces de la ciudad o en el seno del jardín escondido. De pronto te cruzas con alguien, intercambias algunas palabras, recuerdas una novela excelente y casi desconocida que comienza precisamente en una fiesta. Piensas en el valor que tiene en realidad saberse capaz de perderse por el hecho conocer tu sitio (a ti mismo, entonces), como dices en tu poema. En la estancia de al lado parece sonar el claro de luna de Debussy. Observas desde una esquina el tumulto tranquilo de la fiesta con la ciudad tras la ventana. Bebes un poco. Celebras haber pasado, tomado un libro de la estantería por un momento y leído algunos poemas.

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