lunes, 15 de septiembre de 2014

Su casa es un recuerdo de cada cumpleaños

Ella es diferente
a cualquier persona
que hayáis podido conocer.

Grita,
y se pinta la vida de un color de esos
del que todos conocen la existencia
pero nadie el nombre.
Se la colorea, y se da sombras,
y retoques.
Para no ser transparente.
Por no pasar desapercibida.

Yo sé que aunque dejara quietos los pinceles
y se librara de los óleos,
su cara seguiría siendo un Van Gogh
sin girasoles.

Me gusta mirarla, porque es preciosa.
Y que ella y el resto piensen lo que quieran,
pero pagaría una fortuna
por hacer de su rostro un museo privado
donde yo tuviera entrada libre
y las lágrimas paso cerrado.

Es de las pocas personas que he visto
que todo lo que tocan lo convierten en bello.
Quizá sea por eso que,
aunque su casa está justo en el epicentro
de mis terremotos,
a la orilla de todas mis pesadillas,
sabe a recuerdo de cumpleaños
y hay un reguero de sonrisas
desde la entrada hasta el salón.

Y luego está su cuarto,
que es como llevar un año en guerra
y darte tregua para festejar la Navidad.

Es el mejor auditorio.
La música suena más pura que en ninguna
otra parte,
y esa manía suya de convertir arte solo
en arte con amor
(como quien probó a echarle leche al café
y convirtió lo amargo en dulce)
al cantar las canciones más bestiales de la historia
me congela la sangre.

Como aquella vez que me susurró
a Coldplay hasta que caí rendida después de horas llorando,
y entonces supe
que quizás Dios no exista,
pero que hay Ángeles de la guarda por todas partes
y al mío lo llevo al lado
desde que tengo cinco años.

Me ha enseñado.
El mundo y al mundo.

La segunda me conmueve.
Cuando la oigo hablar de mi
como si fuera capaz de llevar el ritmo
de toda la historia contemporánea
con el balanceo de mis pies,
cuando ambas sabemos que soy más que torpe.

La primera me ha hecho persona.
Porque sin quererlo,
y solamente caminándome los daños,
me ha mostrado
que quien te besa cicatrices
se acuesta con tu pasado,
asume quien fuiste
y sueña con quien vas a llegar a ser.

Pero que quien se lleva en los labios
el sabor alcalino de tu sangre
al besarte las heridas,
quien te busca betadine,
gasas,
vendas
y alcohol,
deja de lado el pasado,
y arrasa con mantas para
darte cobijo en el futuro,
es primavera en medio de un invierno helado.

Y tú, hermana,
eres la flor más bonita
que me ha podido crecer entre la nieve.



3 comentarios:

  1. Que hermoso, este poema me hizo llorar, me recuerda a mi hermana menor y todo lo que ha tenido que pasar por mis desequilibrios emocionales, por ella he logrado cambiar porque ella me admira y yo no quiero que le pase lo mismo que a mi. Que bello, me encanta!

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  2. Precioso, no tengo hermanas pero siento lo mismo por mis hermanos. Creo que es un lazo imposible de romper. Un amor eterno.

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