viernes, 28 de marzo de 2014

Los monstruos no corren deprisa

     Se apretaba contra la pared como si quisiera traspasarla. Ojos cerrados, mente gritando. Sus vértebras haciendo un enorme esfuerzo por recolocarse, por eliminar las curvas naturales de su columna, aspirando a la total verticalidad que le permitiera camuflarse en la pintura descochada de los muros. Tenía un nudo en la garganta, rasgado de tanto aullar en silencio, a punto de deshacerse y desatar su propia caja de pandora. La habitación se encontraba en penumbra, y se sostenía en una quietud pesarosa, agobiante. Sentía todo el aire que la envolvía caliente y húmedo. Sabía donde estaba, no era la primera vez que visitaba aquel espantoso lugar: se había metido en la boca del lobo. 

    Literalmente.

     La enorme veracidad de sus palabras impactó contra ella. No estaba sola en aquel sitio, y nunca lo había estado. El terror comenzó a recorrerla como un febril escalofrío, ascendió despacio por su médula espinal. Clack. Clack. Clack. Con cada centímetro que avanzaba el helado murmullo toda la cadena de huesos cedía a la presión y recuperaba su lugar habitual, y la muchacha desistía de esconderse. La primavera de sus ojos se marchitó. Sus bestias respiraban a su lado.

     "Los monstruos corren deprisa". No importaba cuán agonizante fuera la marcha que emprendieras, no importaba si te ibas lejos, o te quedabas, ni si estabas solo, o con mucha gente, ni si dormías, despertabas o te quedabas en ese estado de duermevela donde todo parece tierno. Ya solo quedaba una opción:

     Geesi abrió los ojos de golpe y se encaró a la fieras. Miles de colmillos, fauces abiertas, ojos brillando agresivos, horror, temor, desolación. Sus miedos bailaban delante de ella, lanzaban dentelladas al aire, y la alcanzaban, hieriéndola en la cara, en las piernas, en el vientre, en los brazos. Hacía acopio de valor y trataba de derruirlos, pero el dolor no cesaba, nunca lo hacía.

    "¡Mátalas! ¡Están aquí por ti! Se marcharán en cuanto quieras, solo tienes que ser fuerte, enfréntalas, las bestias se irán si tu lo quieres, tú misma las estás manteniendo con vida. No permitas que te muerdan, apártalas de los brazos. ¡Maldita sea, que no toquen los brazos!" gritaba, y se disolvía, se encorvaba. Cada vez era más pequeña.

   Cayó de bruces al suelo mientras rostros familiares y desconocidos rotaban en derredor. Logró incorporarse un poco, pero seguían atacando. Tenía la ropa destrozada, tenía los ojos destrozados. Tenía la vida destrozada entre sus manos, y no le dejaban recomponerla. De rodillas, agazapada, agarrotada, fue testigo de cómo su mente reía a carcajada limpia. 

      Se forzó a sí misma a dejar de pensar. "¡Callate!" le instó a su cerebro. Y allí, viendo los hilos de su vida perderse en regueros de sangre que manaba a borbotones de sus ideas, comprendió que los monstruos no corren deprisa. Era más fácil que todo aquello:

Te cortan las alas, y apagan la luz




*Nota: Geesi significa valerosa en somalí. Me pareció un nombre bonito

2 comentarios:

  1. Patito, ¿cómo soy la primera en comentar esa belleza?
    Joder, qué final. Yo pensé que iba a ser algo más como "Al final mi mente es capaz de devorar a esas estúpidas bestias. Yeah". Y mira. Así me gusta más, es realista, que al fin y al cabo de eso se trata ¿no? Que a veces los miedos nos devoran, nos cortan las alas. Y punto.
    Besitos.

    Miss Carrousel

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  2. Genial. Simplemente genial. ¿Cómo escribes tan increíblemente bien? Me has enganchado hasta la última línea. Te quiero <13

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