domingo, 16 de febrero de 2014

"Lo que no se lleva el tiempo, el agua lo emborrona".

    Tiene la mirada perdida, perdida entre las gotas que caen desde el cielo y estallan al tocar el suelo. Sus pies se mueven delicadamente sobre el asfalto. Despacio. Muy despacio. El agua le cala la ropa y le inunda los huesos, le embota la mente y empapa los pocos recuerdos que quedaban sin mancillar. "Lo que no se lleva el tiempo, el agua lo emborrona" piensa, cerrando los ojos con toda la fuerza que le queda, tratando de asir las últimas escenas que conserva de lo que osó llamar felicidad.

    Sus piernas están tan débiles que apenas soportan el peso de su cuerpo. Mira a su alrededor. Qué oscuro esta todo sin aquella luz que desprendían sus ojos. Siente la tentación de pararse, de dejarse caer, de dejarse morir allí mismo. Sabe que podría hacerlo, pero sigue andando.

    La lluvia sigue ahogando sus pensamientos, deslizándose por el puente de su nariz, empapando su pelo. ¿Cómo pudo haberla amado tanto, cuando ahora solo entorpece su camino? Le sobra la ropa, cada vez pesa más. Levanta la vista del suelo y cree haber encontrado al ángel que la abandonó hace tiempo, indicándole un camino.

    Se quita el abrigo, los zapatos y la blusa y los tira a la acera de mala manera. Respira hondo y echa a correr -después de meses paralizada y desgastada-. Corre descalza, con un dolor lacerante palpitando en la médula. Una luz la ciega cuando alcanza el lugar al que debía llegar. Se aferra con fuerza a la barandilla metálica de ese puente y siente lo estúpida que fue. Todos los momentos que se le escaparon entre los dedos. Pone las manos en forma de cuenco, tratando de recoger la lluvia, pero hasta ella se empeña en apartarse de su lado.

    Se arranca los pantalones tan rápido como puede. Está prácticamente desnuda, expuesta, frágil. Las marcas de su piel desgarrada miles de veces empiezan a arder, todas al mismo tiempo. Y se decide.

    Se ayuda de las barras metálicas del puente y trepa, en precario equilibrio. Siente sus brazos alrededor de la cintura, sus labios en el cuello. Escucha cómo susurra en su oído que la quiere. Pero no puede ser. No puede ser porque está muerto.

    "Lo que no se lleva el tiempo, el agua lo emborrona" piensa, y salta. El rugiente río la recibe con los brazos abiertos, y las fuertes corrientes lo hacen, convierten su vida deshecha en una mancha de colores tan pálidos como sus pantalones color crema en contraste con el negro asfalto.



3 comentarios:

  1. Qué... Qué duro.
    Me fascina la forma en la que utilizas el título, esa frase hecha. Y el final. Ese contraste contra el asfalta.

    No sé qué decir, la verdad.
    Jodidamente duro. Jodidamente bien escrito.

    Lutz.

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  2. Escribes, tan.. tan.. no hay palabras. Increíble.
    Y por eso te digo que te he nominado a los premios Liebster Awards.
    Pásate por mi blog si quieres enterarte de qué va la cosa.
    Un besazo! :)

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  3. Tu blog es increíble. Vas a llegar lejos.

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